Tendencias suicidas
¿Y dónde está la oposición? Pues ni está ni parece que se le espere. Pablo Casado, “líder de la oposición” — nótense las comillas — , andará por ahí, pero no se sabe muy bien donde.
Cuentan que Amadeo de Saboya, después de dos años de reinado infructuoso, abandonó España diciendo: “Por Baco, no entiendo nada. Esto es una jaula de locos”, y en su discurso de despedida añadía: “Si fuesen extranjeros los adversarios, al frente de soldados tan valerosos como sufridos sería el primero en combatirlos; pero son españoles todos los que con la espada, la pluma y la palabra agravan y perpetúan los males de la nación”.
En efecto, esta jaula de locos, aún habiendo transcurrido casi 150 años, sigue en el mismo estado, con los españoles hundiendo su propio barco mientras se insultan unos a otros. Tenía la esperanza de que esta batalla interna, toda esta crispación y polarización, se redujera con la pandemia de Covid-19, ya que, si bien íbamos a la ruina sanitaria, económica y en términos de pérdida de vidas humanas, cabía la posibilidad de unirnos como grupo, dejar atrás nuestras diferencias — al menos momentáneamente — y abrirnos al diálogo.
Sin embargo, este periodo de concordia no se ha manifestado, la economía se ha paralizado y, consecuentemente, desplomado, y el virus ha causado ya alrededor de 70.000 muertos. Nos dijeron que era necesario sacrificar la economía para salvar vidas, y se ha terminado haciendo lo primero sin cumplir lo último. De este modo, España es, junto con Argentina, el país que peor ha gestionado la pandemia en materia económica y sanitaria según datos de Bloomberg y la Universidad John Hopkins. Debe ser un consuelo para Pedro Sánchez ocupar un puesto por encima del kirchnerista Alberto Fernández. Tal vez esta ruina ayude con sus problemas de insomnio por haber formado gobierno con Podemos.
¿Y dónde está la oposición? Pues ni está ni parece que se le espere. Pablo Casado, “líder de la oposición” — nótense las comillas — , andará por ahí, pero no se sabe muy bien donde. En su partido llevan un lío interesante. Con 7 días de diferencia, Bea Fanjul, diputada y líder de las Nuevas Generaciones del PP, y Javier Maroto, portavoz del partido en el Senado, se llevaron la contraria en un tema capital. La primera sostenía que “Vox no es un partido de extrema derecha”, mientras que el segundo declaraba que “Vox ha demostrado con palabras y hechos que es la ultraderecha”. Debería enseñarles Pablo Casado el viejo principio de la lógica ya planteado por Parménides, por el que “lo que es no puede no ser”. A ver, no creo que les cueste mucho entenderlo, pero en un político nunca se sabe.
Sin embargo, este principio únicamente parece tener sentido si se aplica a términos con significado, no a palabras vacías, como las tan manidas “ultra-extrema derecha”, o incluso las mismas “izquierda” y “derecha”. Y es que hemos pasado tanto tiempo pensando en las ideologías políticas como una línea que va de un lado a otro, que nos hemos olvidado de lo que verdaderamente son las ideas. Hemos dicho tantas veces “soy de izquierdas” o “soy de derechas”, que nos hemos olvidado de preguntar lo que realmente es la izquierda o la derecha. Y de tanto pensar en la política como esa línea — inquietantemente parecida al encefalograma plano — , lo uno se ha vuelto lo otro, y nos encontramos a Pablo Casado diciendo que “El PP representa ahora mejor a los socialdemócratas moderados que Sánchez”. No hace falta que lo jure.
El PP dejó hace mucho tiempo de ser un partido conservador o liberal. No es necesario que me hagan caso a mí, fue Mariano Rajoy el que dijo en el año 2008: “Si alguien se quiere ir al partido liberal o al partido conservador, que se vaya”, y eso pasó.
Parece que esto dolió en el partido socialdemócrata — alias PP — , porque continúan centrados en atacar a Vox mientras el país se hunde, aunque no es cuestión de quitarles mérito: ellos también han contribuido al naufragio. El Partido Popular ha sido cómplice del hundimiento, y a las pruebas me remito: han colaborado durante décadas con la designación de los miembros del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), que supone la inexistencia de la separación de poderes en nuestro país; han mantenido la Ley de Memoria Histórica, que supone reabrir de nuevo la discordia que dio lugar a la Guerra Civil y levantar unas heridas que ya habían cicatrizado; ha mantenido la Ley Integral de Violencia de Género (LIVG), que conlleva la desigualdad legal entre varón y mujer, en detrimento del primero; han conservado la ley del aborto, que significa el asesinato de cerca de 100.000 niños al año en el vientre de sus madres; han utilizado con fines políticos el discurso identitario y posmoderno; fue Rajoy quien apoyó a la condenada por sustracción de menores Juana Rivas y es Maroto quien, en la misma entrevista en la que asegura que Vox es la ultraderecha, dice también: “para Vox la violencia que sufren las mujeres por el hecho de serlo es comparable a la violencia contra un anciano, contra un niño o contra un hombre, cuando sí existe violencia expresa por el hecho de ser mujer. Que en estos momentos haya que estar explicándole esto a Vox es como dar un paso atrás en 50 años”. Este mismo relato lo había defendido Pablo Casado en otra entrevista, lamentando el “negacionismo” de Vox.
Se van a llevar una decepción cuando se enteren de que realmente esto no es así. Las evidencias que demuestran una violencia a la mujer por el hecho de serlo son escasas, por no decir inexistentes. En realidad, todo apunta hacia lo contrario. Por aportar tan solo un ejemplo, una investigación que repasaba unos 12.000 estudios de todo el mundo sobre la violencia en el ámbito de la pareja concluyó que hombres y mujeres perpetraban abusos físicos y no físicos en proporciones similares, con la mayor parte de la violencia siendo mutua y teniendo la misma naturaleza y motivaciones en ambas direcciones. Parece que, tal y como señalaba Maroto, tendremos que volver a hace 50 años.
También asistió el PP a la manifestación del 8M con Cuca Gamarra, actual portavoz del partido, a la cabeza. Dudo que alguno se hubiera leído el programa de la manifestación, aunque eso, cuando de ganar votos se trata, no creo que les importe mucho. Fue además, y con esto termino, porque la lista se hace interminable — aunque podría seguir — , uno de los partidos que apoyó en el Senado al movimiento violento y marxista Black Lives Matter. Eso no es equidistancia; es complicidad.
Algunos señalarán que todo esto son minucias sin ninguna importancia. Que al fin y al cabo, mientras manejen bien la economía, el resto no importa. Sin embargo, de lo que no se dan cuenta es de que la muerte moral de una nación es tan grave o más que la económica. Esto es algo de lo que ya se percataron en su día los socialistas y los defensores de lo que algunos llaman “marxismo cultural”, y ahora dominan las universidades y los medios de comunicación, propulsando el éxito de las políticas identitarias. Parece que ahora parte del sector conservador y liberal español está reaccionando contra esto y uniéndose a la batalla cultural. Ellos tienen a Gramsci, de Bouvoir o a Butler, y por otro lado encontramos a Jordan B. Peterson, Roger Scruton o Thomas Sowell. A ver si surge algo parecido en España, que ya va siendo hora.
Fue precisamente en una entrevista a Peterson en su visita a España cuando supe por primera vez de Cayetana Álvarez de Toledo, la que hasta hace pocos meses era Portavoz del Partido Popular en el Congreso, y quien recordó a Pablo Iglesias el pasado terrorista de su padre, militante del FRAP. A los tres meses de este suceso, Cayetana fue destituida de su cargo como portavoz. Las razones aportadas por Casado fueron las siguientes, tal y como ella explicó: su idea de libertad no era compatible con su autoridad, su posición contraria al pacto de la renovación del CPGJ y, por último, porque la batalla cultural no debía estar entre las prioridades del partido. De nuevo, no es que el PP llegue tarde, sino que no llega, y avanza en dirección contraria.
Y cuando el PP tuvo la oportunidad de redimirse, con la moción de censura al gobierno presentada por Vox, el resultado fue, por desgracia, el esperado. No se limitaron únicamente a votar en contra—con el voto de Cayetana, por cierto — , sino que Casado pronunció un discurso rabioso no ya contra Vox en lo político, sino contra Abascal en lo personal, llegando incluso a acusarle de pisotear la sangre de las víctimas de ETA. Disculpen mi ignorancia política si manifiesto mi incomprensión respecto al tipo de votantes al que desea atraer Casado con estas declaraciones.
En definitiva, el discurso de Casado supuso la prueba definitiva del abandono del PP de cualquier principio moral o ideológico claro. Es tan solo un intento de búsqueda del poder por el poder. Una máquina oxidada en un sistema político que incentiva el mantenimiento en el cargo por encima de la defensa genuina de los intereses de los ciudadanos. Un partido tan acomodado en el sistema, que observa con rabia y desesperación el crecimiento de un semejante que le hace competencia donde antes no la había. Porque cuando Rajoy invitó a conservadores y liberales a abandonar el partido, no lo hizo porque realmente ese fuera su deseo, sino porque sabía que no había un partido conservador o liberal al que irse, porque sus votantes no tenían opción. Ahora sí la tienen.
Y a los que asistimos impotentes a este grotesco espectáculo, únicamente nos queda decir: “Ah, per Bacco, io non capisco niente. Siamo una gabbia di pazzi.”


